Hay dos etapas en la vida distanciadas en el tiempo y gemelas entre sí: El Comienzo y el Final de la juventud. Esta es una de ellas.
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Calor

miércoles, 16 de mayo de 2012


Está el día plomo y el bochorno se cuela por cada uno de los poros de mi piel. Es un día espeso y sofocante. Confuso. De tanto en tanto corre un viento caliente que me enmaraña la mente y densa mi pensamiento. Se me hace difícil agarrarme a la realidad en toda su extensión.

Canta el mirlo y su canto se cuela por la ventana entreabierta, lo mismo que otros sonidos provenientes del exterior. Me cuesta pensar con claridad, ser consciente de que todo vuelve a repetirse, que lo que durante largo tiempo creí superado, vuelve de nuevo a llamar con fuerza a mi puerta.

No abro.

Sigilosamente me escurro tras los visillos del alma y observo desde dentro como resurgen de nuevo viejas batallas que creía ya ganadas. 

No. 

No quiero luchar de nuevo, quiero que esos visillos se vuelvan opacos para no ver el exterior, para no enfrentarme de nuevo a aquello que llevé sobre mis hombros como una cruz.

Pesa.

De nuevo el canto del mirlo.

Como una atómata descorro los visillos y abro puertas y ventanas. Mi alma se escapa fuera de mí   y se abre a la inmensidad de Todo.

Siento que tengo que luchar. Voy a luchar. Voy a ser Yo.

*Imagen de aquí

Confusión

miércoles, 23 de noviembre de 2011


La sensación de que todo se ha parado se esparce por el aire, como si un incontrolable agujero negro se hubiera tragado el último atisbo de realidad.

El tiempo está quieto, varado entre la inconsciencia y el sopor pegajoso de la apatía. El presente se queda oculto bajo un velo de pensamientos inacabados, pensamientos que sin sentido se cuelan por las tenues rendijas del despertar y hacen mella en el alma confusa y perdida. No busca el camino, no sabe, no quiere.

Cae la luz y la confusión late con más fuerza.

Sólo queda la oscuridad.

Imagen de Aquí

Silencio

martes, 26 de julio de 2011

Es noche. Me he retirado a mi rincón y me he quedado a solas y a oscuras, tan sólo con el resplandor de la luna que ya comienza a asomar tras las copas de los árboles en la lejanía. El silencio es total y la quietud sorprendente. Algo extraño parece existir en derredor, algo extraño e inexplicable, misterioso tal vez.

Miro a los faroles que cuelgan de las esquinas de la casa. Dan una luz débil y azulada, insinuando las sombras del patio. Algunas mariposas nocturnas vuelan dando tumbos alrededor de sus luces y en su torpe vuelo se estrellan contra los cristales cegadas por ellas.

Todo lo demás parece descansar. Yo empiezo a temer a una soledad que me tortura en mis pensamientos. Temores carentes de sentido que se apoderan de mí y me hacen predestinar un incierto futuro.

Dejo que la noche se cuele por la ventana y cuelgo mis pensamientos en las estrellas antes de entregarme al sueño, imaginando que tal vez esa soledad a la que temo no sea tan solitaria cuando llegue.

Aún es pronto.

Fuera, sigue reinando el silencio.

Foto de Aquí

Nardo

miércoles, 29 de junio de 2011

Ya empieza a dormirse el nardo que hace tiempo floreció. Pétalos tersos, puros y blancos, tímidos, empujados a abrirse a la vida cargados inocencia y de futuro, comienzan ahora el camino de retorno, acelerado peregrinaje hacia una estancia desconocida.

No lucen su color tan níveo ni se muestran tersos como antaño. Ahora van cargados de vivencias que los han tornado sepia y que ajaron un poco su tersura y su aroma, dulces sentidos atrapados en el tiempo vivido.

Marchan cabizbajos, añorando un poco del verde incierto y del rojo brillante que poseyeron, testigos mudos que aseveraban esa pronta primavera. 

Encorvados se adentran en un sendero sin meta, duro peregrinaje de permanencia y final desconocido.

Pétalos cansados que obligan al nardo a refugiarse en el único lugar que posee: él mismo.

Aurora

domingo, 8 de mayo de 2011


Desperté de pronto sobresaltada y vi la luz de la aurora asomando en el horizonte. Ante esto sentí nacer a una nueva vida, a un mundo diferente en el que tal vez fuera posible no haberse perdido la felicidad que otrora me invadió.

Seguí contemplando la luz, viendo como por ella tomaban forma los abetos y cipreses hundidos en el campo cercano, mirando hacia un cielo que nunca alcanzarían. Mostraba el entorno un verde fresco, limpio, cubierto por una recién caída lluvia que lo hacía resplandecer.

Entonces supe que ese nardo del ayer no se había cerrado del todo, que se resistía a marchitarse y se esforzaba en renacer de nuevo.

Había vuelto a abrir sus pétalos.

No, aún no se había perdido todo.


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Escapar

viernes, 15 de abril de 2011

Por momentos siento deseos de recoger lo todo y partir lejos, a otro espacio, a otra dimensión, escondiéndome de aquello que me hace sentir materia vacía.

Por momentos siento deseo volar  a través del aire en las alas ingrávidas de una Gaviota, surcar el agua sobre blancas plumas y sostenerme tan solamente con su estabilidad.

Ascender sobre cometa azul manejada por tiernas manos infantiles, cabalgar sin miedo en el corcel de cartón piedra del tiovivo de feria a compás de vals, y esconderme acurrucada en un nido sobre las altas ramas del magnolio.

Por momentos siento deseos de elevarme, alearme con el infinito, fundirme con la fuerza de la esencia que me domina y dejarme llevar dulcemente en el espacio.

Lejos de esta etapa.

Éso, o volver a ser lo que fui.

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Conjunción

lunes, 21 de febrero de 2011


Una luminosa tarde de febrero todo se volvió de morado luminoso con matices rosáceos. El alrededor desdibujó sus contornos y una nebulosa brillante ocultó el pasado, abrazó el presente y engendró al futuro.

Cuando salió la luna ya no era de plata. Lucía ingrávida en el cielo, morada como la noche.
Era noche de luna morada que derramaba lágrimas de mercurio.

Era el momento de la conjunción.

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Incomodidad

lunes, 27 de septiembre de 2010

Espero apáticamente cualquier indicio de su llegada. Se retrasa y no me afecta profundamente, tan solo me incomoda. Quisiera evitar esta espera y sumergirme de lleno en mi interior del que tanto tengo que descubrir ahora. Lo demás ha cobrado un sentido secundario, incluso sus otras veces ansiada llegada.

Ya no me altero con la energía que se desprende ni me aleo con esos lazos de plata que surgían en aquellos momentos. Ahora soy yo y mi sensibilidad.

Por momentos se va apagando la tarde, cada vez más, cada vez infinitamente más mortecina.

Otoño, ansiado otoño. Mi otoño, tanto en la vida como en mi vida.
También el otoño vive en su llegada

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Aprendizaje

jueves, 22 de julio de 2010

Arrecia el calor en esta tarde intensa de candela a principios del estío. Llamaradas candentes caen del blanquecino cielo achicharrando pastos, hojas y asfalto. Todo se vuelve caliente y expulsa invisible el vapor que cae de lo alto.

Mi corazón arde bajo el calor y la angustia. Son momentos para él también candentes, como contrapunto del frío que antes ha sentido ante la soledad. Mi corazón se siente solo. Necesita refugio y compañía. Mi refugio y mi compañía.
Aún no he aprendido a quererlo, a mimarlo, a protegerlo. Necesito todavía aprender tanto… Mi aprendizaje ha comenzado demasiado tarde y aún no es consciente de que siempre es el momento si se trata de aprender.

No llores corazón, no te sientas solo, no decaigas…


Obvia el calor del desánimo y vive el momento como un incipiente otoño que sueña con la primavera. Yo estaré aquí, a tu lado. Siempre.

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Quietud

jueves, 1 de julio de 2010


Me entretenía en contemplas los sutiles y dorados rayos del sol que se colaban entre el verde oscuro del ramaje de los pinos. Los miraba y a veces mis ojos se llenaban de un dorado intenso que cegaba a mis ojos y me impedía ver todo aquello que se encontraba a mi alrededor.
Soplaba un ligero vientecillo, fresco para esta época del año en la que el verano se encuentra recién estrenado. Era tan sutil que débilmente llegaba a balancear las ramas, acaso tenuemente movía las agujas de los pinos y las mecía en un delicado vaivén.
Yo entrecerraba los ojos y jugaba, tal y como cuando era una niña, a formar figuras con las manchas que vislumbraba bajo mis párpados cerrados, formas amarillas-rojizas, a veces azules, a veces verdes, que desbocaban mi imaginación igual que antaño.

Una de las veces que los abrí la vi. Estaba allí, posada en una gruesa rama y acicalándose el plumaje.
La alcanzó uno de los rayos de sol y ella se volvió por momentos tornasolada, refulgiendo sus plumas con colores iridiscentes y brillantes.
Era ella, la paloma herida a la que cuidé y curé y que dejé en libertad cuando ya estaba recuperada.
Hoy regresó a casa por su propia voluntad, pero libre para marcharse cuando quisiera.
Aún cojeaba levemente de una pata pero la herida del disparo que le lanzaron inmisericordemente ya estaba superada.

Mi visión ahora rebozaba de felicidad, donde se mezclaban los tonos verdes de los pinos y el gris perlado de ella, todos iridiscentes por la magia de la luz solar que los envolvía.
Mi corazón también se envolvía de gozo.

Que nada ni nadie empañe esta quietud y remanso que ahora disfruto. Es mi momento.

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Hojas

martes, 23 de febrero de 2010

Hoy ha soplado el viento violentamente, azotando sin piedad todo lo que tocaba y arrancando inmisericorde hojas y ramas. Hubo unos momentos en los que permaneció callado, tal vez para retomar aliento, pero volvió, atacando por sorpresa y más demente si cabe.

Alcé la vista fuera del círculo luminoso de la lámpara bajo la que me encontraba. Los sillones conspiraban agrupados, con los puños sobre las rodillas, en la sombra. El paisaje tras la ventana mostraba un cielo de humo gris sobre el campo y se desvanecía entre los húmedos caminos. Salí fuera. Al pie de los negros cipreses, las hojas secas, las ramitas, el musgo cubierto de gotas de agua. crujían como el vidrio con cada uno de mis pasos. Recogí las hojas muertas y las sostuve cuidadosamente entre mis manos, protegiéndolas con mi calor en mi camino de regreso.

Luego, de nuevo en la calidez del hogar, las limpié con mimo de la tierra que las ensuciaban, y primorosamente las guardé, una a una, entre las hojas de un libro que de nuevo fue depositado en su lugar, en el estante.
Cuando pasara el tiempo se habrían convertido en hojas de encaje, mostrando sus nervaturas entremedio de una hipotética tela de araña.
Dejarían entonces al aire su interior, su alma desnuda otrora oculta dentro de su cuerpo.

Se me antojó pensar que igual estaba ocurriendo dentro de mí.
Un día se mostraría mi alma desnuda ahora tan escondida.

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Yo

lunes, 8 de febrero de 2010

Siempre he visto esta etapa de mi vida como algo sumamente lejano, tardío, incluso inaccesible para mí. Y ha llegado tan rápido…

Por momentos me sorprendo viviendo de lleno en aquello que nunca pensé que llegaría.

Merma la vida, se desbordan los sentimientos provocados por nuevas situaciones que a veces se me escapan de las manos, se escurren resbaladizas lo mismo que se escapa el agua entre los dedos.

Aquello que en otros momentos creía viejo hoy lo pienso joven, tal es la transformación de los momentos que se van desgranando por el camino, y que adopto como algo propio y personal porque no puede ser de otra forma.

Son mis momentos, mis etapas, mi vida, en definitiva, yo.


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Retornar

jueves, 10 de diciembre de 2009

Estos días pasados he sentido como si mi vida transcurriera en un lugar despoblado, en medio de bosques muy sombríos, tal era mi sensación de aislamiento. Me asaltaba a veces un cierto temor al pensar en no sé qué extraña irrealidad pudiera presentarse de repente, algo que incluso arrancaría el único árbol que existía y bajo el que me cobijaba.

Así ha sido mi caminar en los primeros días de Diciembre, un caminar perdido y desorientado, y totalmente expectante ante un peligro inminente.

Por motivos que se escapan a mi comprensión han retornado situaciones y sensaciones idénticas a las vividas en esa otra anterior etapa de mi vida, la etapa primaria de mis últimos pasos impúberes.

Todo pasa y todo queda.
Todo se va y todo vuelve.
Igualdad de etapas.

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Brumas

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Comienza a opacarse la tarde. Despacio se adentra en la penumbra llenando de grises los rincones umbríos del entorno que me rodea. Caminos musgosos cubiertos de verdín, a trozos impregnados de humedad, se pierden serpenteantes en la lejanía, adentrándose en una bruma opaca.

La tarde envejece.

Tal vez en esta etapa de la vida me sienta yo igual. Envejeciendo. Extraña etapa que lo mismo me hace renacer con el trino de los gorriones cuando amanece, o decaer al mismo compás que la tarde. Como ahora.

Se acercan nubes de lluvia, y aunque aún es temprano, ya comienzan a cantar los mirlos anunciando su recogida.
También yo deseo recogerme, muy, muy dentro de cualquier espacio en el que me pueda sentir protegida, porque cada vez son mayores los momentos en me siento falta de protección, sola, incomprendida, ignorada incluso por mí misma.

Abro la ventana y dejo que se cuele el vientecillo húmedo que arrastra a las nubes. Junto a él se cuela también la penumbra del exterior, el frío húmedo y una semioscuridad que se adueña de la estancia.

Y de mi corazón.

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Niebla

martes, 13 de octubre de 2009

A veces me pregunto si soy totalmente consciente de la metamorfosis que está ocurriendo en mí, en esta etapa
de mi vida.
Casi no me doy cuenta de que cada día mi camino se inclina en un débil descenso que progresivamente se irá acentuando, y sé, que veré la realidad cuando ya se haya inclinado demasiado, cuando mire hacia atrás y vea toda la senda descendente que he recorrido casi sin notarlo.

Hoy, esta mañana, cuando antes del amanecer comenzó a caer una densa capa de niebla sobre el campo, sentí que deseaba quedar atrapada en ella, perderme entre sus dedos algodonosos y dejarme llevar a otras etapas ya vividas para así no volver a cometer los mismos errores, y sobre todo, para disfrutar de nuevo de todo aquello que ya he vivido.



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Humedad

lunes, 5 de octubre de 2009

Comenzó octubre y hoy no ha dejado de llover en todo el día, una lluvia que comenzó cuando aún no había roto el alba. El cielo aparecía como cubierto por un paño empapado y gris, colgado a muy baja altura, que se extendía de horizonte a horizonte y destilaba sin cesar una humedad sucia y fría.
La lluvia no solo caía de arriba; flotaba en el aire como húmeda neblina, se impregnaba en la ropa, se metía bajo los abrigos acolchados, goteaba dentro de las botas hasta inundarlo todo con una humedad muy viscosa que embotaba los sentidos.

Sin siquiera protegerme con el paraguas salí fuera, necesitando caminar y calarme hasta los huesos. La tela húmeda me excoriaba la piel. Nada estaba a salvo de la humedad.
Mi caminar se hacía lento y pausado a la par que mis pies arrastraban las hojas secas que ya habían comenzado a caer.

Emprendí el regreso al anochecer, cuando la lluvia se hizo más tenue y comenzó a correr un vientecillo incapaz de secar todo lo que el agua había mojado. Por la mañana todo seguiría igual de húmedo.
En el umbral me despedí del exterior en silencio, casi desconcertada, costándome trabajo ocultar mi desilusión.

Siempre me había gustado tanto la lluvia…

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Colores

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Ayer aún llovía y comenzó a hacer un poco de frío. El verano hacía cedido el paso súbitamente al otoño y el suelo estaba húmedo y resbaladizo por las primeras lluvias.

Esta mañana, cuando comenzó a despertar la luz matutina, el cielo se mostraba repleto de tonos púrpuras con destellos dorados, simulando una aurora boreal o tal vez envidiando el resplandor de los rubíes.

Yo deseé fundirme en esa paleta de colores nobles, alearme con ellos en el infinito y sentir todas y cada una de mis experiencias vividas.


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Interiores

lunes, 28 de septiembre de 2009

Este verano que agoniza en mi vida se apaga. No sé dentro de cuándo será su partida; no sé si faltan aún meses o años para que termine y comience a renacer en un temido otoño. Pero sé que estoy metida de lleno en ese descenso.

A veces me tiendo en el verde de la hierba y por momentos me quedo callada e inmóvil, a solas conmigo misma, escuchando únicamente mi propia respiración, que se mezcla con los sonidos de la tierra que me rodea. La humedad del suelo me llega a los huesos, y siento que mi carne es como un horno que tuesta mi cuerpo poco a poco, y que llegará a hacerlo desaparecer un día.

Sopla un viento seco que me azota y se me antoja la boca de una bestia alentando encima de mí, aliento mojado y caliente que rechazo.

Siento sed y el deseo de beber rompe todo lo que en por unos instantes mi mente ha forjado en torno a mí, devolviéndome a la realidad.
Una realidad que acepto y de la que me siento orgullosa. Una realidad que a veces temo. La realidad del próximo otoño de mi vida.

Photo de aquí

Llanto

martes, 22 de septiembre de 2009

Caía ayer la tarde cuando de repente me embargó una incomprensible angustia. Casi como una autómata me dirigí hacia la ventana y permanecí largo rato en ella contemplando el campo. La agonizante luz del sol me daba de lleno en la cara. Me la cubrí con las manos y por entre los dedos podía ver su iridiscencia con toda nitidez.

Comencé a llorar aún sin saber el motivo o la razón por lo que lo hacía. Acaso se debiera a la una ligera perturbación de mi mente. Simplemente me brotaron las lágrimas.
No sollozaba ni tampoco se me contraía el rostro. Intuí que mi llanto tenía su origen en algo más profundo que un simple momento, tal vez algo que aún no estaba predispuesto para salir a la superficie.
Lloraba como si la desolación que sentía se hubiera convertido en algo adherido a mi ser.
Permanecí inmóvil, con la mirada perdida a través del largo ventanal sin hacer ademán alguno por enjugar el cristal salado que manaban mis ojos. Alguno escapó brillante de mi piel cayendo sobre el alféizar. Me parecía que lloraba ante un crucifijo, o por una irreparable pérdida imposible de sustituir.

Y entonces lo supe.

Lloraba por mi casi perdida juventud.

(Fotografía de Alone I Break)

Viento

sábado, 29 de agosto de 2009

El viento estuvo soplando durante todo el día. Era un viento extraño, medio loco, que imitaba al de levante sin que llevara a plagiarlo completamente, un viento raro para el época estival que corre. En su locura se arremolinaba a través de los setos y se empujaba en su propia dirección, arrastrando hojas y tierra hasta las cañas de bambú que a modo de seto delimitaban la zona, combándolas hacia fuera.
Arrancaba las flores de las buganvillas que trepaban en las encaladas paredes y desprendía con violencia las ramas y hojas verdes de los árboles del fondo del jardín.

Yo lo estuve sintiendo en cada una de sus locas correrías, antes de que se fuera, y puedo decir que disfrutando de él. Me gusta el viento.

Aún ahora, al caer la tarde lo puedo ver aferrándose a las cimas de los montículos cercanos dirección al sur. Desde éste, mi rincón, puedo ver claramente los sauces a los que sacude de forma violenta sobre el pálido cielo, aún cuando ya aquí no ha dejado ni siquiera un soplo que agite una brizna de hierba.
Aún más lejos diviso oscuras nubes que se acercan desde la lontananza.

Sé que tras su partida, el viento es seguido por la lluvia, lluvia de verano que llegará antes de la media noche, empapando los campos sedientos, los polvorientos caminos; aguacero estival cuyo aroma a tierra mojada se colará entre las puertas acristaladas y se esparcirá por la estancia dejando en mi piel una humedad electrizante.

Para mí, en esta etapa que atravieso, es un regalo que me invita a recibirlo entre mis brazos.

 
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