Hay dos etapas en la vida distanciadas en el tiempo y gemelas entre sí: El Comienzo y el Final de la juventud. Esta es una de ellas.
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Montaña Rusa

viernes, 22 de junio de 2012


Cuando más duele es al despertar. 

Abro los ojos con la sensación de salir de un profundo pozo y siento alivio de encontrarme de nuevo en brazos de la realidad, pero vuelvo pronto a caer en otro pozo más oscuro al ser consciente de esa realidad que ahora vivo.

Sí, es cuando más duele.

Todos los demás momentos de este presente son como una gigantesca montaña rusa en la que llego a subir a lo más alto, para de repente, y por sorpresa, caer en picado sintiendo que voy a estrellarme.

Quisiera entonces bajarme de esta atracción de feria y que unas manos amorosas me regalaran un algodón de azúcar de color azul, y que desde allá a lo lejos, llegara hasta mis oídos la dulce música del carrusel, muestra inequívoca de que me encontraba en un mundo de magia y de fantasía, lejos de la cruda realidad.

*Imagen de Aquí

Balanza

viernes, 23 de septiembre de 2011


Me pregunto por qué no acertamos a valorar aquello que tenemos hasta que no estamos a punto de perderlo. Me doy cuenta de cuantos momentos inigualables desperdiciamos con ello.

Y es tan fácil… Se trata simplemente de mirar a través del prisma que tenemos delante.

Me abstraigo hurgando dentro de mí misma y veo cada vez más lejana la maraña de confusión, que en otras etapas me asaltaron. Días plomos, cargados de nubes espesas que se adentraban con poder sibilino en mi alma. Días opacos y oscuros. Días muertos.

Tantos días, tantos momentos…

Despierto y compruebo que lo que ayer era futuro es hoy un presente distinto al imaginado, con la balanza inclinada hacia la esperanza.

Fuera también está todo verde, aún es pronto para que el otoño comience a mostrarse. Yo me muestro a mí misma la vida que poseo y me siento agradecida.

Foto de Aquí

Letargo

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Después de un periodo de letargo en el que la realidad se encontraba narcotizada, vuelve de nuevo a aflorar tímidamente un nuevo brío que poco a poco va despertando del sopor en el que largamente ha estado sumergido.

Resurge la vida como resurgen los nuevos brotes de los tejos que bordean los lados del camino que se lanza a un horizonte luminoso, alfombrado de esperanzas añoradas y de espectantes ilusiones.

Mis pasos son vacilantes cuando comienzan a adentrarse en él, tímidos como la primera sonrisa de un niño y tiernos como el corazón que aguarda con ansia lo venidero. Se van afianzando a medida que piso cada vez más firme, ansiando llegar al final y sumergida en la confianza de que cuando lo alcance, tendré nuevas metas que alcanzar.

Arriba, el sol derrama sobre mí sus cálidos rayos de este primer día de verano, y me contagia de ese calor dulzón que embelesa mis sentidos, perdidos en el frío de otra estación.

El medio día ya se corona en el cielo.
Yo alzo el rostro hacia él y vuelo.

Foto de Aquí

Espera

jueves, 12 de agosto de 2010

El estío provoca en mí una laxa pasividad que me obnubila la menta y el espíritu. Ansío que vuelvan aquellos días cargados de brumas y humedades, cuando las tardes se tornan doradas por los últimos rayos de sol y por las hojas marchitas que caen de los árboles.
Aún queda, pero soy consciente de que esa espera pasará en un abrir y cerrar de ojos, tan sutil y efímera es esta vida que yo vivo, imagino también igual que la de todos.

Comparo a veces estas etapas de la vida con las mías propias, que en cada una se transforma mi sentir y mi percepción.

Recuerdo que en un principio me confundía un poco la brusquedad de los cambios. Luego, paulatinamente me fui habituando a ellos, en un devenir de épocas distintas y dispares entre sí.
Y las acepté.

Aún así, sigo añorando el otoño….

Foto de Aquí

Llave

lunes, 4 de enero de 2010

Hoy en bajado al sótano de mi vida y he recuperado de entre polvo y telarañas la llave que a lo largo de todas mis etapas ha ido cerrando las puertas de mis estancias vividas. Y las he ido abriendo una sin ningún trabajo, porque incomprensiblemente ya no estaban cerradas con llave.
Nadie antes, aparte de mí, había traspasado esas puertas.

Ahora, al volver a las estancias tanto tiempo cerradas, encuentro un ambiente pequeño con respecto a lo que yo recordaba, atestado de pesados sentimientos depositados en polvorientos estantes de momentos petrificados.

Entrar en cada puerta del pasado se me asemeja insertarme en un escenario dieciochesco, de pesado mobiliario y asfixiante decoración.

Sueños de brocado yacen laxos sobre butacas de terciopelo rojo capitoné.
Esperanzas perdidas se desmadejan en los reposabrazos de palo de rosa de un sofá sevillano tapizado de damasco.
Miedos no superados se pierden entre las paredes vestidas de azul, cuyo color aparece casi por completo oculto por la oscuridad del tiempo.

El recorrido por este museo personal me ha causado en el fondo una cierta satisfacción y tranquilidad, y ha rasgado de algún modo ese velo por el que se hallaban cubiertos mis recuerdos.
A través de esas rasgaduras he podido descifrar las descoloridas instrucciones que otrora enviaban a mi alma los dedos de la inexperiencia y la inmadurez.

Foto de Aquí

Vida

sábado, 15 de agosto de 2009

Vivir, una utopía.

 
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